Photographic series / Serie fotografica

 “STARRY NIGHT” 

The night was hectic. There was a small audience, as is usual when the circus ceases to be an attraction. It is the sign that it’s time to move on to another place. Yet the  enthusiasm remains, given that a circus does not exist unless it onstage presenting, being the entertainment in neighborhoods where almost no shows go. The city below seems different, often times intolerant to all that is different. It is a territory observed from afar.

After adding and subtracting, sometimes the cost of the makeup, feathers, and shiny costumes is more than the money brought in at each function. It just goes to show that what they do is not a business strictly speaking, but rather a desire to believe in their work and perhaps in the transcendence that occurs; for the love of art. First comes happiness, and then comes the money, something that not everyone can say. It’s a rarity in a society in which no one does anything without expecting something in return.

Drag in Antofagasta is something you have to go looking for, in the hills at night. There it is, alive and kicking. It is a reality drawn with lights and shadows. These shots are a record of activities in the artists’ daily lives. The frames portray the story of a group of artists that from one day to the next gathered together and decided to live life exactly how they wanted.

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“NOCHE DE ESTRELLAS”

La noche fue ajetreada. Poco público, como es habitual cuando el circo deja de ser atracción. Es el indicio que ya es necesario mudarse a otro lugar. Pero el entusiasmo no decae, pues la existencia no es comprensible si no se está sobre las tablas presentando el show, siendo la entretención en poblaciones donde los espectáculos casi no llegan. La ciudad de abajo se ve distinta, muchas veces intolerante a todo lo que parezca distinto. Es un territorio que observan de lejos.

En la suma y resta, a veces el costo del maquillaje, de las plumas y de los trajes es mayor a lo que perciben e la funciones; algo que deja en evidencia que lo suyo no es un negocio propiamente tal, sino un ímpetu por creer en su trabajo y quizás en la trascendencia de lo que realizan. Amor al arte. La felicidad es lo primero, después viene el dinero, algo que no todos pueden decir. Una rareza en una sociedad donde nadie da nada sin esperar algo.

El transformismo en Antofagasta, hay que ir a buscarlo a los cerros y en la noche. Allí está, vivito y coleando. El registro, son las pulsaciones de estos artistas en lo cotidiano. Son cuadros que se leen como el relato de un grupo de artistas, que un día para otro se juntaron y decidieron vivir tal cual querían.

(Texto por Rodrigo Ramos Bañados)

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